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Opinión

Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, mil veces violada

20/05/2017 11:44 AM

¿Una nueva constitución o cumplir la que tenemos?

Por:La convocatoria a constituyente, es un problema mucho más político que jurídico y es por ello, que debe irse más allá de la lucha judicial y administrativa José Miguel Rodríguez

ONG MoviVargas

Antes de ofrecer alguna eventual opinión sobre el proceso de Asamblea Nacional Constituyente convocado por el presidente Nicólas Maduro en el mes de abril de 2017, debemos decir que se trata de un proceso abierta y claramente  inconstitucional, ya que -entre múltiples razones- desconoce principios básicos de la democracia como el voto directo, secreto y universal, garantizados como irrenunciables en la Constitución venezolana y demás leyes de la República.

Sin embargo, más allá de lo poco que se sabe y la manera arbitraria como ha sido manejado políticamente este instrumento constitucional, debe decirse que aún no se han publicado las bases comiciales de este proceso constituyente,  es decir, que en palabras sencillas, todavía desconocemos realmente cuales serán las reglas del juego sobre las cuales se realizaría una constituyente ,lo cual implica una limitación clara a la hora de realizar un análisis político y jurídico serio y certero sobre este proceso, más allá de conocer que su “convocatoria” es inconstitucional y desconoce la soberanía popular depositada en el pueblo.

Una vez se tiene claro que se trata de una violación flagrante a la Constitución, Estado de derecho y democracia, se entiende entonces que tenemos el derecho y deber constitucional, moral, y ciudadano de defender nuestra Constitución y hacerla cumplir, tal y como establece nuestra carta magna en su artículo 333.

Lo primero que podríamos decir es que se trata de un problema que si bien tiene implicaciones innegablemente jurídicas, se ha convertido en un problema que amerita – a mi juicio- más de una interpretación política. En países sin Estado de derecho ni institucionalidad, la Constitución se convierte en un verdadero impedimento para los regímenes, obligando entonces a desconocer la misma, interpretarla abusivamente y cuando no es suficiente los abusos, se recurre entonces a reformas o enmiendas constitucionales como sucedió en el año 2007 y 2009. Ahora bien, en coyunturas tan difíciles como la venezolana, ya ni siquiera éstas últimas resultan suficientes para el poder, es allí como surge la idea de una asamblea nacional constituyente que no solo busca evitar e impedir el ejercicio de elecciones regionales o municipales, tal y como reza nuestra Constitución venezolana, sino que busca la dominación del poder desenfrenadamente y a como dé lugar.

En este sentido, si bien no existe Estado de derecho, debemos dejar constancia de estos abusos, delitos como los que se cometen recurrentemente en Venezuela no prescriben, golpes de Estado como los que realiza a diario la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, no deben pasar inadvertidos, el silencio ensordecedor del Consejo Nacional Electoral no puede quedar impune. Es allí donde entran las Universidades, la academia, los estudiantes y en especial, el gremio del Derecho y mundo académico, generando recursos y acciones legales contra quienes violan la Constitución venezolana cada día. En conclusión, la falta de institucionalidad y de tribunales independientes no debe significar nunca denegación en el uso de la justicia, porque es nuestro deber y tarde o temprano esta llegará.

Sin embargo, como dijimos al inicio, esta convocatoria a ANC, es un problema mucho más político que jurídico y es por ello, que debe irse más allá de la lucha judicial y administrativa yendo a una agenda de calle que responda con claridad al adversario que enfrentamos, un régimen autocrático que pretende violar cada día nuestra Constitución a como dé lugar. Es allí, donde propongo la necesidad de una lucha de calle enmarcada en la estrategia de la Lucha no Violenta planteada por el autor Gene Sharp en su libro “De La Dictadura A La Democracia”, entendiendo, además, que la lucha pacífica es la única que nos hace más fuerte y los debilita a ellos. Una protesta que para tener éxito debe reunir dos factores esenciales para su éxito: alto costo de represión para el régimen y un bajo costo salida; solo la unión de ambos factores lograrán un cambio político sólido, sostenible y con legitimidad que permita tener gobernabilidad a cualquier gobierno de transición.

Una lucha enfocada en las instituciones que pueden hacer mayor contrapeso real y efectivo sobre el régimen, el Tribunal Supremo de Justicia, la Fiscalía General de la República, la Defensoría del Pueblo y la Cotraloría General de la República. Una agenda de calle pacífica, constitucional y democrática que debe de terminar necesariamente en elecciones, el único mecanismo que verdaderamente garantizará una transición real, pacífica y democrática, además de una mayor legitimidad y gobernabilidad al eventual gobierno de transición. Una lucha en la cual tarde o temprano deberá haber negociación si verdaderamente aspiramos a una negociación y es una negociación que debe hacerse manteniendo la protesta y presión de calle si se pretende que sea efectiva y real.

Al final del día, hemos entendido que el problema no se encuentra en una nueva Constitución, el verdadero tema se trata de hacer cumplir y valer nuestro único y verdadero pacto social y legítimo, la Constitución.

 

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Editor: Daniel Lara F.

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