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Opinión

La Guayra tiene el rostro para el que visita y la triste realidad del que la padece a diario

02/07/2017 11:54 PM

La Guayra, en sus 428 de fundada tiene dos caras

Rubén Contreras

Historiador

Pudiéramos decir que en 1992 se perdió una gran oportunidad de rescatar el patrimonio histórico de La Guayra, cuando Virgilio Ávila Vivas era gobernador del Distrito Federal y no  aprovechó la circunstancia de remozar  nuestra ciudad, en ocasión de celebrarse los 500 años del encuentro de los dos mundos. Cosa diferente hizo Andrés Velásquez con Ciudad Bolivar, para orgullo de los bolivarenses.

Han pasado los años y La Guayra, la ciudad patrimonial, con su morfología urbana, contentiva de 17 monumentos históricos nacionales, azotada en su momento por la tragedia acaecida durante el año 1999, presenta en su interior, al sur de la avenida Soublette y lindando con la vertiente norte del Cerro El Ávila, un estado deplorable, ya que en estos 17 años de gobierno chavista, las edificaciones patrimoniales de dicha ciudad no han recibido ningún cariño.

Es difícil y duro  expresar estas cosas negativas para nuestra región y para el concierto nacional, pero si alguien quiere conocer a la Guayra, puede hacer un recorrido por la Calle Bolívar,  a la cual se le entra por la calle que va paralela a la Avenida Soublette y se entra por la calle ubicada detrás del Mercal de La Guayra, ubicado al lado de la casa Guipuzcoana para salir a la esquina de Pachano o Esquina Caliente, como es conocida por la aglomeración de parroquianos.

Precisamente en este sector está el despacho del gobernador, en la Casa Guipüzcoana, convertida en una ruina por los mandatarios Rodríguez San Juan y García Carneiro y también el despacho de un alcalde militar, que nadie o casi nadie conoce en la Guayra. También están instituciones como la biblioteca Jose María España; La Sociedad Bolivariana de La Guayra; La Casa de Jose María Vargas, que sirve de Unidad de Extensión de la Universidad Simón Bolívar; la escuela Ambrosio Plaza, La Casa Fleury que servía de sede al extinto Ateneo Jose María Vargas; la Notaría pública de La Guayra; y también la casa del prócer Jose María España, cedida por el alcalde Toledo a un colectivo  como sede de sus operaciones; así como varias casas de aduana, restaurantes, bancos, panaderías y negocios diversos. Pero el hecho de contar con los  despachos de las autoridades regional y municipal le dan una connotación especial al sector y en otro país, estado o municipio, como un indicativo del orden, de la urbanidad y del ornato.

En La Guayra, la ciudad patrimonial ocurre todo lo contrario, el sector inicialmente mencionado es uno de los más sucios y lúgubres de la región en un estado de ruindad, que demuestra la falta del apego, cariño y sentido de pertenencia de dichos gobernantes por la región y sus gobernados.

Si revisamos el interior del caso histórico de la Guayra, no observamos ninguna diferencia en cuanto al cuido o maltrato para ese entorno urbano por parte de dichos gobernantes. Es deplorable pasear por el Guamacho, o Bayajá, Las Trincheras, Sal Si Puedes, Caja de Agua, El Corral  de Los Bueyes, Puente de Jesús, Cruz Verde, La Calle León, Muchinga, La Cabrería, La Pólvora, El Colorado  y otras.

Para cualquier región del mundo tener 17 monumentos históricos nacionales sería motivo de orgullo, ello implica un mantenimiento constante, ya que son un atractivo turístico de primer orden. Cuántas personas se movilizan en Europa para conocer sus monumentos, eso significa que con una planificación adecuada, educando al guayreño y haciéndole entender la importancia patrimonial que tiene, se le puede dar un vuelco  que genere sentido de pertinencia y pertenencia, lo cual sería el eje transformador de la ciudad, región y país. Aquí en América tenemos casos puntuales como fue la transformación de Quito, Cartagena y Barranquilla, entre otras ciudades.

He escuchado a muchos amigos caraqueños decir La Guayra está bonita, claro nos hemos acostumbrado a identificar con la palabra Guayra a todo el estado Vargas, y como vienen al aeropuerto o a las playas, solo  aprecian el corredor vial con unas rústicas y deplorables jardineras, decoradas con piedras de playa, las cuales son un gran negocio porque siempre se están cayendo y hay que tener cuadrillas de obreros remendando las mismas. Imaginen de quién es el negocio.

El gobernador actual, seguidor de la política cementera  de Pérez Jiménez,  y promotor de variadas actividades y negocios, se ha dedicado a construir algunas obras impactantes por su estructura y otras cosas, como el terminal terrestre  de Catia La Mar;  La Plaza Bolívar de La Guayra, un terminal de transporte dentro del contexto urbano de La Guayra, lo cual es una loquera de marca mayor por el caos que generara cuando entre en servicio y un parque  temático en Macuto, así como el estadio de los Tiburones de La Guayra, en el Pavero de Macuto que ofreció inaugurar para el 2013, por lo que lleva 4 años de retraso y lo inaugura, si se concluye, su sucesor.

Lo impactante de estas obras, según nos han confiado los patriotas cooperantes, son las comisiones que han generado, convertidas en los grandes negocios de dicho gobernador, conjuntamente con la explotación de granito y mármoles en las canteras ubicadas en el estado.

Lo preocupante hoy, cuando La Guayra arriba a sus 428 aniversario de su fundación, es que los guayrenos y vargasianos, estamos como la mayoría de los venezolanos, sumidos en una gran inconformidad dado que a pesar de la cornucopia de dólares recibido por el ingreso petrolero y la tributación lograda a través del Seniat,  éstos fueron robados por quienes han usufructuado el poder desde 1999 ya que  La Guayra no ha recibido en su dotación y suministro de agua un litro del vital líquido por esa mala planificación y construcción de Ciudad Caribia, es más, se nos quitó la aducción que nos llegaba del Tuy III. Los demás servicios públicos son un lamento, los promontorios y pirámides de basura es algo que ya forma parte del contexto urbano, los centros dispensadores de salud en una condición paupérrima, los centros educativos en condiciones insalubres, y los cementerios de autobuses Yuotong, demuestran  algunos de los grandes negocios hechos con los chinos, tratando con esto de tapar la conexión y vínculo que representan el puerto de la Guayra y el Aeropuerto de Maiquetia, cuestión que los ha estimulado para actuar de la misma manera que  al capo colombiano Pablo Escobar

Por ello, La Guayra presenta dos caras, la del ornato y disfraz  que representan  los negocios de las jardineras de Carneiro, con sus obras monumentales y  la cara real del guayreño que quiere una ciudad patrimonial ordenada y limpia, la cual es menospreciada por estos piratas que cambiaron la bandera de la calavera por la del narcotráfico que sale por el puerto de La Guayra y del Aeropuerto Internacional de Maiquetia, con la anuencia de quienes gobiernan.

 

 

 

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Editor: Daniel Lara F.

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