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Opinión

La muerte en Venezuela se disfraza de déspota militar- (Ilustración: Emejota)

27/08/2017 11:03 AM

Déspotas venezolanos de principios y fin de siglos | Por Rubén Contreras

La historia y épica venezolana es una de las más ricas del continente americano. Su gesta libertaria es una de las más apasionadas y sus protagonistas unos héroes, muy bien reseñados por Eduardo Blanco en su Libro Venezuela Heroica, con el cual se inició la literatura Romance en nuestro país. Pero también tenemos dentro de dicha historia algunos hechos ubicados en los finales y comienzos de siglos, que nos muestran las caras soeces de algunos déspotas que pretendieron mancillar la dignidad y decoro de los venezolanos.

Uno de los pasajes más traumáticos acontecidos en nuestro país fue el protagonizado por Manuel Gual y José María España, líderes de la conspiración debelada el 13 de julio de 1797, finalizando el siglo XVIII. En ese tiempo la provincia de Venezuela era dirigida por el Capitán General Pedro Carbonell, quien ordenó a Francisco Espejo que se convirtiera en Juez inquisidor, para juzgar a los conjurados. Este jurisconsulto utilizó todas sus argucias ofreciendo favores para conocer a todos los conjurados y ya sabemos cómo murieron España y Gual. Carbonell se fue a España y le siguió en el cargo Manuel Guevara Vasconcelos, quien fue el que según las crónicas, logró el envenenamiento de Manuel Gual en Trinidad, y mantuvo una actitud retaliativa con todos los venezolanos que disentían de la administración de la corona española.

Casi todo el siglo XIX estuvo regido por la conducción de la peste militar, solo 6 años de gobiernos civiles, 2 de José María Vargas, 2 de Juan Pablo Rojas Paúl y 2 de Raimundo Andueza Palacios. Aquí considero necesario aclarar, que los gobiernos de Páez y Soublette, ambos militares fueron totalmente diferentes a los de sus colegas, quienes desde José Tadeo Monagas hasta Ignacio Andrade, pudiéramos decir que fueron unos verdaderos esquiladores del erario público y patanes, como Antonio Guzmán Blanco quien como plenipotenciario de sus sucesores hacia contratos, los firmaba y se daba los vueltos, y como el del rudo Joaquín Crespo, quien carente de sentido de ética y de organización, designó a un curandero llamado Telmo Romero como Secretario de Salud.

Después de Andrade, vino el Cabito, Cipriano Castro, con la Revolución Liberal Restauradora en 1899, quien utilizó el poder para sus fines personales. Significó la llegada de los montañeses, los andinos al poder, una nueva casta engreída se posesionó del país; fueron los antecesores de Pérez Jiménez y de Chávez, ya que utilizaron el poder para repartirse a Venezuela otorgando sus tierras en concesiones a sus amigos, creando una nueva burguesía, ya que éstos las traspasaron a las empresas petroleras que venían ávidas a Venezuela en la búsqueda del oro negro. Esa fue la primera boli burguesía o bolichicos incrustada en el poder que defenestraron la patria de Bolívar.

Al Cabito le siguió Juan Vicente Gómez, y hay extensa literatura que nos habla de los desmanes del benemérito acontecidos durante su larga gestión de 27 años, la cual culminó en 1935. Fecha señalada por el eximio venezolano, Mariano Picón Salas, como comienzo del siglo XX venezolano. Hay mucha historia de la cárcel La Rotunda, con los presos arrastrando sus grillos y los estudiantes de la generación del 28 dando clases a los presos de la misma.

Luego finalizando el siglo XX, en el año 1992, después de un proceso democrático de 40 años, en las cuales Venezuela tuvo los más altos índices de desarrollo y crecimiento económico, con la democratización de la educación, pero que a su vez no tuvo la misma sintonía con la educación para la democratización; un oscuro e ignorante militar del cuerpo de paracaidistas del ejército venezolano, pretendió dar un golpe de estado para tomar el poder por la fuerza, pero era tal su incompetencia que el único de los comandantes involucrados que falló en su objetivo fue él.

El desgaste ocasionado durante ese período democrático, al incurrir la dirigencia de los partidos políticos en la falla de pretender sustituir la meritocracia por el amiguismo de los dirigentes, hizo que muchos venezolanos se desencantaran de los mismos y en las elecciones de 1998, el teniente coronel, el cara pintada paracaidista logró con un discurso embaucador atraer a los desencantados e incautos que creyeron en los embustes de dicho militar, de llevarlos al reino de los cielos, tal como se denomina el largometraje que filmaron para descarnar las tropelías que cometió dicho soldado durante sus 13 años de desastre gubernativo.

El caso es que el teniente coronel, el soldado cara pintada, llegó al poder por la vía democrática, por los votos, lo que no consiguió con las botas y con las balas, lo consiguió con sus cantos de sirena, pero como resentido social y minusválido de ideas democráticas que era, optó por el ejercicio cuartelario en el cual fue formado y se inspiró en el peor estilo dictatorial impuesto por Monagas o Cipriano Castro en nuestro país, o como Rosas en Argentina o el Dr. Gaspar Francia en Paraguay, Somoza en Nicaragua, Baptista y Fidel en Cuba y Rafael Leonidas Trujillo en Santo Domingo, o Hitler en Alemania y Stalin en Rusia, Sadam en Irak, Gadafi en Libia, Mugabe en el Zimbabue, entre otros.

El caso es que ese oscuro e ignaro y ágrafo militar, lector de solapas de libros, construyó con el dinero de Venezuela una red de oportunistas que se pegaron de la ubre de la espada de Bolívar, que recorrió los caminos de América y del mundo, creando un maridaje con la guerrilla de Colombia la mayor red del narcotráfico del mundo contemporáneo, para satisfacer y enriquecer a los militares y sus familias, que le acompañaron en su asonada militar, entregándole posiciones de administración y gerencia sin saber un comino de lo que tenían que hacer. De esa forma y manera destruyó las instituciones de Venezuela, truncó su desarrollo económico social y educativo, utilizando como excusa la reivindicación del legado bolivariano, y logró constituir una oclocracia dejando como heredero de su legado a otro personaje, sacado del albañal más putrefacto de la política, que ha descarnado la realidad del socialismo del siglo XXI, al convertir al país porcentualmente más rico de América Latina en el hazmerreír del mundo, al extremo que según los indicadores de los estudios socioeconómicos, el sector de la población que más ha crecido es la pobreza extrema.

En fin ha sido traumática la historia venezolana durante los finales y principios de los siglos XVIII, XIX, XX y XXI, al ser regida por déspotas y cuando pensábamos que nos encaminábamos al desarrollo armónico del país, tuvimos el infortunio de que la bota militar con piel de cordero llegó al poder para destruir a Venezuela.

Pero esto debemos superarlo, debemos seguir insistiendo, a pesar del fraude constituyente, tenemos que asistir y participar en las elecciones regionales, tenemos oportunidad de ganar la mayoría de las gobernaciones y para ello nuestros testigos en las mesas electorales serán los paladines de la construcción de la nueva era republicana. Aquí en Vargas nuestro camino hacia ese nuevo amanecer lo lidera un joven formado en la universidad irreverente que parió la generación de 1928 y del 2007, de esa ubre nació José Manuel Olivares.

 

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Editor: Daniel Lara F.

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